¡SALUD, PROLETARIOS!

Recopilación de textos por la revolución comunista internacional.

           "Se me podrá refutar sin duda en base a los individuos; pero yo me refiero a las clases, que son las únicas que interesan a la historia."

Alexis de Tocqueville, El Antiguo Régimen y la Revolución.

          

 
  El carácter científico, revolucionario y proletario de la teoría comunista internacionalista, formulada por Marx y Engels, restaurada y desarrollada por Lenin y confirmada históricamente en la práctica por la Revolución Rusa, se debe en buena medida a que se basa en el estudio de las lecciones que se desprenden de las derrotas del proletariado en su lucha de clases, enriqueciendo el contenido de una teoría sólida y coherente y dotándola de la necesaria continuidad histórica, inherente a toda ciencia.

   Tras la revolución de Octubre y el inicio del retroceso del Estado proletario soviético, esta continuidad en la crítica y la tradición del combate del marxismo revolucionario la representó de manera particular la lucha de la Izquierda bolchevique dentro del P.C.R. (b) y de la Izquierda Comunista italiana en el seno de la III Internacional.

     La reanudación de la lucha revolucionaria pasa entre otras cosas por comprender y sacar conclusiones de las pasadas experiencias y derrotas proletarias,  es decir, por conocer y continuar la labor de la Izquierda Comunista italiana y bolchevique en defensa de los principios, el programa y la táctica comunista, que la organización revolucionaria no puede conservar perennemente si prohíbe la discusión y la crítica interna, tal y como aquellos demostraron. 

 

 

ENTRADAS RECIENTES


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08/04/2014

En el país de la mentira desconcertante, Ante Ciliga (1937).

"Ante Ciliga (1898-1992), joven dirigente del Partido Comunista
de Yugoslavia, viajó a la U.R.S.S. en 1926 para conocer de
cerca la experiencia revolucionaria. Crítico con la actuación de
la Internacional en el partido yugoslavo y decepcionado con la
progresiva degeneración de la revolución rusa, Ciliga termina
formando un pequeño grupo de oposición entre los comunistas
yugoslavos residentes en Rusia y entra en contacto con los grupos
trotskistas. Arrestado por la G.P.U. en 1930, podrá abandonar
la U.R.S.S. en 1935, tras pasar por las prisiones de Leningrado,
Cheliábinsk, Verkhne Uralsk y el exilio en Siberia. En el país
de la mentira desconcertante, escrita en París entre 1936 y 1937, tras
su «expulsión» de Rusia, Ciliga relata su paso por el país soviético
hasta la primavera de 1933, las condiciones de vida de obreros
y burócratas, la vida y la lucha en las prisiones y su progresiva
evolución política personal hacia la izquierda comunista.

«Mis dos volúmenes sobre Rusia, en gran medida, están consagrados
a la descripción de la vida de los perseguidos y deportados
soviéticos, cuya suerte he compartido cinco años y
medio. Al lado de los millones de “trabajadores forzados” que
abarrotan los campos de concentración y el exilio en Siberia,
el Gran Norte soviético, en unas condiciones que evocan tanto
los campos nazis como los Trabajos Faraónicos, en mi época
existía aún un pequeño grupo de perseguidos llamados “políticos”.
Estaba compuesto por los miembros de los diferentes
grupos y partidos socialistas, de comunistas no-conformistas de
diferentes tendencias y de anarquistas. Disfrutaban de un reconocido
estatus como “presos políticos”: era el último reducto
que quedaba en toda Rusia de la democracia política de la Revolución
de 1917. En sus prisiones –los aisladores políticos– y
en sus relaciones recíprocas en el exilio, se valían de la libertad
de expresión y de unos estudios políticos y sociales que hacían
que su pequeño mundo pareciera el último islote de libertad en
un océano de esclavitud. Una paradoja soviética a la que le iba
llegando su trágico fin.»"

 Ciliga.pdf


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¿Quién me ayudó

contra la furia de los titanes?

¿Quién me salvó de la muerte

y de la esclavitud?

¿Acaso no lo hiciste tú todo,

sagrado y ardiente corazón?

¿Y te consumiste,

 joven y bueno,

engañado, esperando algo

del que duerme allá arriba?

¿Que te venere? ¿Para qué?

¿Has mitigado el dolor del ofendido?

¿Has enjugado el llanto del sumido en la angustia?

¿Acaso no me hicieron hombre

el tiempo omnipotente

y el eterno destino,

mis señores y los tuyos?

¿Creíste tal vez

que odiar debía la vida

y huir al desierto

porque no todos los sueños maduraron?


 

Aquí estoy y me afianzo;

formo hombres

según mi idea;

un linaje semejante a mí,

que sufra, llore,

goce y se alegre,

¡y que no te respete,como yo!


 

J.W. Goethe, Prometeo


 


 


 


 

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