¡SALUD, PROLETARIOS!

Recopilación de textos por la revolución comunista internacional.

JEAN BAPTISTE MÉLIS Y LA FRACCIÓN BELGA DE LA IZQUIERDA COMUNISTA INTERNACIONAL.

     En este trabajo se han reunido una serie de textos, principalmente de carácter económico, escritos por J.B. Mélis entre 1934 y 1939. Se publicaron en las revistas BILAN y Communisme, órganos de la Fracción italiana y la Fracción belga de la Izquierda Comunista Internacional.


 

   

   Nacido en Molenbeek Saint-Jean (Bélgica) el 12 de noviembre de 1892, Jean Baptiste Mélis era hijo del tintorero Albert Mélis y de Isabelle Mitchell. Tras la Primera Guerra Mundial, en octubre de 1919, empieza a trabajar en la sucursal de Bruselas del Westmisnter Bank of London y se afilia al Sindicato de Empleados. El 28 de octubre de 1920 nace su primer y único hijo, Robert Mélis, fruto de su matrimonio con la pintora Mathilde Léopoldine Jacobs.

  Hacia 1930, Mélis ya ocupaba un importante cargo en el banco como apoderado, lo que si bien por una parte le obligaba a mantener el anonimato[1] como militante, por otra le permitía dedicar parte de su salario a la lucha revolucionaria. En efecto, Mélis era el principal sostén financiero de las organizaciones en las que participaba, primero en la Liga de Comunistas Internacionalistas y más tarde en la Fracción belga de la Izquierda Comunista Internacional. El trabajo en el banco, además, le facilitaba el acceso a todo tipo de información y estadísticas económicas, que empleaba frecuentemente en sus estudios previniendo al lector del origen burgués de la documentación manejada.

  Sabemos que Mélis mantuvo una activa vida sindical en los años 20 y 30, encargándose de redactar la sección dedicada a los bancos en la prensa del sindicato. Pero se desconoce cuál fue su militancia política antes de 1932, año en que participa en la fundación de la Liga de Comunistas Internacionalistas.

 La L.C.I. provenía del grupo que abandonó el Partido Comunista de Bélgica tras las expulsiones de militantes de izquierda en el Congreso de Anvers de marzo de 1928. Organizados a partir de entonces como Oposición al P.C.B., las divergencias con las posturas y los métodos de Trotsky y los núcleos que se reagrupaban a su alrededor provocaron la escisión de una parte de la organización en 1930 (la Federación de Charleroi se sumó definitivamente a la corriente trotskista). Posteriormente, el grupo restante inició un proceso de discusión que desembocó en la redacción de una “Declaración de principios” y la fundación de la Liga de Comunistas Internacionalistas en febrero de 1932, liderada por Mélis y Adhémar Hennaut.

   Un año después de fundarse, la L.C.I. empieza a colaborar con los internacionalistas italianos que formaban la federación de Bruselas de la Fracción de Izquierda del P.C.I. Esta organización representa un momento concreto de la historia de la Izquierda Italiana, que a su vez constituye una corriente original dentro del movimiento comunista en general y de la Izquierda Comunista en particular. Grupo formado por comunistas italianos emigrados pertenecientes a la corriente de izquierda que liderada por Amadeo Bordiga había dirigido el Partido Comunista de Italia hasta 1923 y que fue mayoritaria en dicho partido hasta el III Congreso (Lyon, 1926), la Fracción se había fundado en Pantin (París) en abril de 1928 y organizaba a alrededor de 60 militantes en 4 federaciones: Bruselas[2], Nueva York, París y Lyon, además de algunos miembros aislados y dispersos en otros países, como Rusia, Suiza o Luxemburgo.

   La Fracción italiana contaba con toda una tradición de combate a sus espaldas, que se remontaba a los años de lucha contra el oportunismo dentro del Partido Socialista Italiano, durante la guerra y la posguerra. Pasando por la escisión del P.S.I. y la fundación del P.C.d’I. en 1921; por la lucha contra el fascismo en ascenso y desde 1922 en el poder; por la defensa del programa y la táctica comunista dentro de la III Internacional (desde el III Congreso de 1921) y más tarde dentro del partido italiano (cuando la Izquierda fue apartada de la dirección, que pasó manos del grupo de Gramsci en 1923-24), la Izquierda Italiana había ido acumulando un bagaje teórico que ha quedado reflejado en las Tesis de Roma o Tesis sobre la Táctica de 1922 y las Tesis de Lyon[3] de 1926, y que puede sintetizarse sumariamente en estos puntos: Rechazo a la táctica del frente único político, a la consigna de los gobiernos obreros, así como a todo tipo de frente político antifascista y de defensa de la democracia burguesa; consideración de la democracia y el fascismo como dos formas de dominio burgués complementarias con el idéntico objetivo de salvaguardar los intereses de la burguesía; rechazo de la dirección de la Internacional Comunista por el partido ruso y de la teoría del socialismo en un solo país. Ante la deriva oportunista de la III Internacional, que en 1927-28 empezó a expulsar masivamente a los militantes que formaban parte de la oposición en los partidos comunistas, la Izquierda Italiana pensaba que la fundación de una nueva Internacional no podía basarse en una mera convergencia en las críticas hacia la I.C. o el estalinismo. Era necesario hacer un balance histórico de los errores de la I.C. y de la pasada década de luchas y derrotas proletarias antes de pasar a elaborar una plataforma programática común.

   Templada al calor de una lucha constante contra el oportunismo, la Izquierda Italiana había llegado a formular de manera original la relación que debe existir entre los principios o el programa y la táctica comunista, según el materialismo dialéctico: “El programa del partido no es un simple objetivo que pueda alcanzarse por cualquier medio, sino que se trata más bien de una perspectiva histórica en la que los medios empleados y los fines a alcanzar están íntimamente ligados entre sí. En las diferentes situaciones, la táctica debe armonizarse con el programa, por lo que las reglas tácticas generales para las sucesivas situaciones deben precisarse dentro de ciertos límites que, sin duda, no son rígidos, pero que son cada vez más precisos y menos fluctuantes a medida que el movimiento se refuerza y se aproxima a la victoria final. […] Es, pues, una necesidad práctica y organizativa la que conduce a establecer los términos y los límites de la táctica del partido, y no el deseo de teorizar y esquematizar los complejos movimientos que el partido está llamado a emprender. Esta delimitación a primera vista parece que restringe las posibilidades de acción, pero es la única que garantiza la continuidad y la unidad de su intervención en la lucha proletaria, y por estas concretas razones hay que especificar dichos límites.” (Punto 29 de las Tesis de Roma, 1922).

  Tras su fundación, entre 1928 y 1933, la Fracción participó en las reuniones que llevaban a cabo los distintos núcleos que habían salido de los partidos comunistas y se reagrupaban en torno a Trotsky para tratar de reconducir el movimiento comunista por la vía revolucionaria. Tras ser marginada de estos debates que llevarían a la formación de la Liga Comunista Internacionalista (la organización trotskista oficial, posteriormente IV Internacional), la Fracción se gira hacia los escasos núcleos que no transigen con las posturas y los métodos de Trotsky. En el verano de 1933 propone a varios grupos de la oposición comunista en Francia y Alemania crear un Buró Internacional de Información que se encargue de publicar un boletín (BILAN) en el que poder reflejar el debate entre los diversos grupos revolucionarios y hacer balance de las dos últimas décadas de lucha. A pesar de que la propuesta fue rechazada, la Fracción de Izquierda del P.C.I. empezó a editar BILAN bajo su propia y única responsabilidad[4] en noviembre de 1933, a la vez que iniciaba un “trabajo conjunto” con la Liga de Comunistas Internacionalistas de Bélgica en un “ambiente de discusión que permitía afrontar los problemas esenciales del movimiento comunista” y “en base a una confluencia en la crítica de las posiciones de la Oposición Internacional (trotskistas)”.

    Este trabajo común entre la Fracción y la Liga, que se inició poco después de la llegada de Hitler al poder en Alemania y cuando la crisis económica internacional estaba causando estragos, se desarrolló hasta comienzos de 1937. En el terreno teórico, la colaboración entre ambos grupos quedó reflejada en la propia revista BILAN, en la que participaron varios militantes de la L.C.I., como Hennaut, Hilden y sobre todo Mélis, bajo el pseudónimo de Mitchell.

   Durante esos años tanto en el seno de la Liga de Comunistas Internacionalistas como en la Fracción de Izquierda irán surgiendo divergencias que desembocarán en la ruptura y la crisis de ambas organizaciones al estallar la guerra de España. En agosto de 1936 quince militantes de la Fracción, en su mayor parte de la federación de París, salen hacia Barcelona para combatir en la Columna Lenin del P.O.U.M., abandonando la organización. A finales de ese mismo año Mélis redacta un texto titulado La guerra en España, que se publica a comienzos de 1937. La controversia que levanta en la Liga, que viene a unirse a todos los desacuerdos anteriores, hacen ya imposible la coexistencia de las dos corrientes que se venían desarrollando dentro de la organización. La minoría que defiende las posturas de Mélis sobre la guerra en España, que representa a toda la federación de Bruselas excepto tres militantes (entre ellos Hennaut), es expulsada de la organización y funda la Fracción belga de la Izquierda Comunista Internacional. En abril de 1937 se publica el primer número de su boletín teórico mensual, Communisme, que incluye una “Declaración de principios” que la sitúa en una línea convergente con la Fracción italiana.

   A finales de 1937 ambas Fracciones se agrupan en el Buró Internacional de Fracciones de Izquierda[5], que empieza a editar la revista Octobre en febrero de 1938. La Fracción italiana deja de publicar BILAN, cuyo último número, el 46, está fechado en diciembre 1937-enero 1938. Octobre pretendía ser un boletín mensual, pero sólo se publicaron 5 números, 4 mensuales hasta mayo de 1938 y un último en agosto de 1939. Esta discontinuidad era el reflejo de las dificultades que atravesaban ambas Fracciones y de sus errores y desacuerdos a la hora de analizar el desarrollo de los acontecimientos que se iban sucediendo.

   La Fracción italiana había interpretado la llegada de Hitler al poder en 1933 como un paso del desarrollo capitalista hacia una nueva guerra generalizada. La portada del boletín BILAN incluía este encabezamiento: “LENIN 1917 – NOSKE 1919, HITLER 1933”, que expresaba de manera esquemática la evolución de la situación internacional desde la Revolución Rusa. Tras la revolución de Octubre de 1917 y la fase de ascenso del movimiento revolucionario, la burguesía había logrado encauzar los acontecimientos en un sentido favorable a sus intereses, ayudada por la socialdemocracia (represión de la revolución alemana de 1919). Con la llegada de Hitler al poder en 1933 y cuando la III Internacional había abandonado sus posturas revolucionarias, se daban las condiciones que permitían que el proletariado fuera arrastrado otra vez a la masacre imperialista. Pero el hecho de que la guerra de España no terminará provocando una guerra imperialista mundial, así como el surgimiento de pequeños grupos revolucionarios en distintos países, como la Fracción belga en 1937, la Fracción francesa que se fundó en mayo de 1938 o el Grupo de Trabajadores Marxistas de Méjico (que se vislumbraba como una posible Fracción mejicana[6]), llevaron a algunos militantes a pensar que empezaban a darse condiciones favorables para el retorno de la lucha revolucionaria del proletariado. Los acuerdos de Múnich de septiembre de 1938 vinieron a fortalecer esta tendencia, que interpretaba estos pactos como la prueba de que el capitalismo había alejado el peligro de guerra mundial por temor a la respuesta proletaria[7]. La Fracción italiana quedó en la práctica paralizada por los desacuerdos internos, y al comenzar la guerra se disolvió, así como el Buró Internacional de Fracciones. Tras la dispersión de militantes que provocó el estallido del conflicto, la Fracción italiana se reorganiza en Marsella en 1941 y su posterior historia se enmarca ya en el proceso de reconstitución de la Izquierda Italiana que desembocará en la fundación del Partido Comunista Internacionalista en Italia en 1943 y la posterior escisión de 1952.

   La Fracción belga sin embargo siguió con vida, y a pesar de los desacuerdos internos continuó publicando mensualmente su boletín Communisme hasta agosto de 1939. Desde finales de 1938 se va formando una tendencia[8] dentro de la Fracción que rechaza la teoría de Mélis acerca de la evolución del capitalismo hacia una nueva barbarie bélica y que, en línea con la corriente que se afirmaba en la Fracción italiana, sobrevaloraba las capacidades del proletariado en las vísperas del estallido de la guerra. Mélis, que llegó a quedarse en minoría en la Fracción a comienzos de 1939, continuó defendiendo las ideas que ya expuso en 1935 en el folleto publicado por la L.C.I., El problema de la guerra: “Puesto que la situación que vivimos actualmente es el producto y el término de toda una cadena de acontecimientos que han traído consigo la eliminación progresiva del proletariado de la escena histórica, una situación cuyo desenlace no será la liberación de las fuerzas productivas, sino su destrucción, no depende para nada de la mera voluntad de las ínfimas minorías revolucionarias, por resueltas que sean, el invertir este curso en el intervalo de tiempo relativamente corto que transcurrirá hasta la explosión del conflicto.”

   La guerra y la ocupación alemana dispersaron a los ya de por sí escasos integrantes de las Fracciones en Francia y Bélgica, y dificultaron la actividad y la organización de los pequeños núcleos que lograron permanecer en contacto. Algunos militantes huyeron a países neutrales, otros trataron de volver a Italia o de refugiarse en Francia, y otros terminaron siendo arrestados. En septiembre 1939, Mélis se trasladó a Francia durante algún tiempo con su compañera Denise Deschamps, con la que planeaba contraer matrimonio tras haberse quedado viudo en agosto de 1938. Continuaba con sus estudios y con su labor militante en la medida en que las condiciones se lo permitían[9].

  Durante un viaje a Bruselas, el 10 de septiembre de 1942 Mélis fue detenido en su domicilio por la Gestapo, que buscaba a su hijo Robert por un matrimonio de conveniencia, se desconoce con quién. Al descubrir todos sus libros, documentos y estudios marxistas, fue arrestado por sus opiniones políticas y encerrado en la prisión bruselense de Saint-Gilles. Posteriormente le trasladaron al fuerte de Breendonk (convertido en campo de concentración por los nazis durante la ocupación) el 16 de marzo de 1943; a Buchenwald el 8 de mayo de 1944; a Dora el 23 de mayo de ese mismo año y a Bergen-Belsen en una fecha desconocida. Allí permaneció hasta que el 15 de abril de 1945 las tropas aliadas inglesas liberaron el campo. Falleció trece días después, el 28 de abril, probablemente enfermo de tifus, y fue enterrado en una fosa común.

Ficha de registro de Mélis en el campo de concentración de Buchenwald.

Ficha de registro de Mélis en el campo de concentración de Buchenwald.

   En la tempestad de aquellos “años terribles” en los que las exigencias de la lucha revolucionaria llevaban a muchos de los mejores militantes proletarios a la claudicación, la deserción o la traición, la figura de este combatiente anónimo, el burgués comunista Mélis, aparece como expresión del esfuerzo y la conciencia que caracterizaron la lucha internacionalista de la vanguardia del proletariado de aquella época, de aquellos “nobles representantes de una generación que supo emplear su vida”.

***

   Al margen de sus artículos en la prensa sindical, los trabajos de Mélis están contenidos en los boletines y los cuadernos de la Liga de Comunistas Internacionalistas de Bélgica, en BILAN (boletín teórico mensual de la Fracción de Izquierda del P.C.I.) y en Communisme[10] (boletín mensual de la Fracción belga de la Izquierda Comunista Internacional).

   Entre los textos que Mélis firmaba como Jehan en la prensa de la L.C.I. destacan dos folletos sobre la cuestión de la guerra: El problema de la guerra (1935) y La guerra en España (1936), que no se incluyen en esta recopilación. Aquí se han recogido todos los artículos aparecidos en BILAN bajo la firma de Mitchell (excepto el estudio Los problemas del periodo de transición), además de cuatro textos publicados en Communisme, dos con la firma de La Barre y otros dos anónimos.

   Los artículos que se han seleccionado tienen un marcado carácter económico. Se centran principalmente en el análisis de la economía capitalista y de las consecuencias de su evolución en su fase de desarrollo imperialista, tras la guerra de 1914 y en el contexto de la crisis económica general de los años 30. En los cuatro primeros textos se analiza por separado algunas de las más importantes economías imperialistas: Estados Unidos, Bélgica, Francia e Inglaterra, que a la sazón pasaban por el momento más agudo de la crisis. Los cuatro siguientes tienen un carácter más general y constituyen en conjunto un importante estudio marxista sobre los cambios que sufrió la economía y el Estado burgués en la época de entreguerras, sobre las soluciones capitalistas a la crisis general y sus consecuencias para el proletariado. Por último, en el Apéndice, se incluyen dos artículos que tratan específicamente la cuestión sindical y los problemas derivados de la transformación de los sindicatos de órganos para la lucha de clases en órganos de colaboración de clases, a través de su inserción en el mecanismo estatal.

   Uno de los méritos de Mélis es haber completado desde una perspectiva económica el análisis teórico que venía desarrollando la Izquierda Italiana desde hacía más de una década y que situaba en un mismo terreno capitalista a la democracia y al fascismo, lo que en la práctica implicaba el rechazo a todo tipo de alianza o frente con cualquier fuerza política “de izquierda” (las consignas de “frente popular”, “gobierno obrero” o incluso “frente único” con otros partidos) con el objetivo de defender la democracia frente al asalto fascista. El análisis de Bordiga sobre el fascismo se había limitado principalmente al plano político: “El fascismo integra el liberalismo burgués, en lugar de destruirlo. Gracias a su organización, de la que se rodea la máquina oficial del Estado, se ejecuta esta doble función defensiva que necesita la burguesía. Si la presión revolucionaria del proletariado se acentúa, la burguesía tenderá a intensificar al máximo estas dos funciones defensivas, que no son incompatibles, sino paralelas. Defenderá una política democrática audaz, incluso una socialdemócrata, mientras deja que los grupos de asalto de la contrarrevolución aterroricen al proletariado. Este aspecto de la cuestión demuestra que la antítesis entre fascismo y democracia parlamentaria carece de sentido […]”[11]. O en su Informe sobre el fascismo en el IV Congreso de la Internacional: “Para nosotros, la génesis del fascismo se debe a tres factores principalmente: el Estado, la gran burguesía y las clases medias.” Este análisis implicaba unas claras consecuencias prácticas para el partido de clase, que quedaron reflejadas en los puntos 37, 38 y 39 de las Tesis de Roma del P.C.d’I (1922): aunque “el gobierno y los partidos de izquierda que lo componen inviten al proletariado a participar en la resistencia armada contra el ataque de la derecha […], el Partido Comunista no practicará ni proclamará ninguna ‘lealtad’ al gobierno liberal amenazado. Al contrario, demostrará a las masas el peligro que supone que este gobierno consolide su poder gracias al apoyo del proletariado contra la sublevación o el golpe de Estado de la derecha”. Mélis llegó a la misma conclusión teórica y a los mismos resultados prácticos a través del estudio del desarrollo internacional del capitalismo en su fase imperialista decadente, tras la guerra: “La resistencia y adaptación del capitalismo a la crisis se tradujo en fluctuaciones coyunturales, muy desiguales, destrucciones masivas de capitales, devaluaciones monetarias, batallas arancelarias y guerras monetarias. Todos los Estados capitalistas aceleraron su transformación en economías de guerra siguiendo un ritmo adaptado a la capacidad de resistencia de cada uno de ellos. La importancia de su base imperialista era la que determinaba sus capacidades. Los que se levantaban sobre una plataforma demasiado estrecha, carentes de elementos capaces de amortiguar los contrastes económicos y sociales, tuvieron que recurrir a la violencia del fascismo. El capitalismo italiano no pudo resistir la tormenta de 1921 y se vio obligado a abatir al proletariado”[12].

   Este conjunto de textos, hasta ahora inéditos en castellano, ofrecen al lector una buena muestra de las posturas y los análisis en los que se basó la lucha de la Fracción de Izquierda en la época de entreguerras, que la distinguieron del resto de corrientes del movimiento comunista y la situaron, prácticamente sola, en el terreno revolucionario. Pero esta recopilación también es en sí un valioso estudio desde una perspectiva marxista sobre la crisis del capitalismo en época imperialista y sobre todos los expedientes y mecanismos a los que la burguesía se ve obligada a recurrir para mejorar su situación en el contexto de la concurrencia internacional y tratar de sobrevivir. La inflación crediticia, la impresión de billetes, la emisión masiva de deuda soberana, la devaluación monetaria, el saqueo a los ahorradores, la reducción directa o indirecta de los salarios, la guerra de divisas, el papel del Estado y del capital financiero, todas estas cuestiones que hoy están a la orden del día son tratadas a lo largo de estos artículos, cuyas conclusiones están plenamente vigentes y pueden aún ser de provecho para la lucha revolucionaria de las futuras generaciones de proletarios:

    “Todos los imperialismos se dirigen a la guerra, ya se revistan con su viejo ropaje democrático o con su armadura fascista; y el proletariado no puede dejarse arrastrar por ninguna discriminación abstracta entre ‘democracia’ y fascismo sin con ello desviarse de su lucha cotidiana contra su propia burguesía. Ligar sus tareas y su táctica a las ilusorias perspectivas de la recuperación económica o a una supuesta existencia de fuerzas capitalistas opuestas a la guerra, es llevarle directo a ella o quitarle toda posibilidad de encontrar el camino de la revolución.” (Crisis y ciclos en la economía del capitalismo agonizante)

   “En realidad vivimos una dramática época en la que la lucha obrera, más que nunca, tanto en el terreno económico como en el político, puede encauzarse e injertarse en las desavenencias internas del capitalismo: divergencias entre industriales y agricultores, entre capital industrial, capital comercial y capital financiero, entre los Trust, entre Imperialismos, entre distintos regímenes de dictadura burguesa (Democracia-Fascismo). Todos son antagonismos secundarios que terminan siempre siendo reabsorbidos en provecho del objetivo central del Capitalismo mundial: sobrevivir pasando por encima de millones de cadáveres obreros.

    “La tarea fundamental del Proletariado es salvaguardar sus bases de clase y de lucha contra la patronal, sin entrar en hacer distinciones entre sus distintas posturas económicas y políticas.

      “De esta forma, se podrá romper el círculo infernal de la economía de guerra y sustituir la catastrófica salida que ofrece la guerra imperialista por una salida libertadora, la de la Revolución proletaria.” (Prosperidad de guerra y estándar de vida).
   


 

NOTAS:

[1] En el Boletín de la L.C.I. firmaba sus textos con el pseudónimo de “Jehan”, en BILAN empleaba “Mitchell” y en Communisme firmaba como “LaBarre”.

[2] En la federación de Bruselas de la Fracción militaban dos de sus militantes más destacados: Ottorino Perrone (1897-1957), también llamado Vercesi, y Virgilio Verdaro (1885-1960), alias Gatto Mammone. Ambos eran miembros del Comité Ejecutivo de la Fracción de Izquierda del P.C.I.

[3] Las Tesis sobre la Táctica fueron aprobadas en el II Congreso del PC.d’I. en Roma. Las Tesis de Lyon fueron rechazadas en el III Congreso de Lyon, que sancionó definitivamente la marginación de la corriente de izquierda dentro del partido.

[4] Se publicaron 46 números de este boletín teórico escrito en francés, entre noviembre de 1933 y enero de 1938.

[5] El Buró Internacional de Fracciones de Izquierda, que tenía por objetivo “favorecer la constitución de fracciones de izquierda en todos los países y sus relaciones”, estaba formado por cuatro delegados, dos de la Fracción italiana (Perrone y Jacobs) y dos de la Fracción belga (Mélis y otro militante), además de un tercero por parte de cada Fracción, con voz pero sin voto.

[6] El G.T.M. publicó en mayo de 1940 una revista titulada Comunismo, que incluía una traducción de uno de los artículos publicados en el último número de Communisme, la revista de la Fracción belga: Hoy, como en 1914, Contra la Corriente. Sólo se llegó a publicar este nº1 de la revista.

[7] Esta tendencia dentro de la Fracción italiana estaba encabezada por Vercesi.

[8] Véase en el nº 24 de Communisme los artículos La táctica de la Fracción y la Declaración de la minoría.

[9] Tras la muerte de Mélis, su compañera Denise Deschamps emprendió un pleito para que el Estado reconociera sus derechos como viuda, a pesar de no haber podido contraer matrimonio a causa del estallido de la guerra. Entre los documentos relacionados con este litigio hay un testimonio de Adhémar Hennaut sobre su camarada: “Conozco al mencionado Mélis desde 1933. En aquella época formábamos parte del movimiento de la ‘Liga de Comunistas Internacionalistas’, disidencia del Partido Comunista. La situación de Mélis le permitía ayudar financieramente al grupo. Aunque debía mantener su anonimato, Mélis estaba absolutamente comprometido y escribía regularmente en nuestro mensual. En 1937 fundó un grupo que divergía ideológicamente del nuestro, la ‘Fracción de Izquierda Internacional’. Yo seguí manteniendo el contacto con Mélis y puedo asegurar que hacia 1940-41, como constaté personalmente, continuaba activamente ocupado en este grupo. En cuanto a su detención, en aquella época corrió el rumor de que la causa había sido el matrimonio de conveniencia de su hijo, pero no hay duda de que toda la documentación y la biblioteca repleta de libros acerca de las diversas doctrinas económicas dejaron claro a los alemanes qué debían hacer con él. También detuvieron a otros miembros de su grupo, pero no puedo afirmar que fuera en las mismas fechas (Albert Manne, Heerbrant).”

[10] Se puede consultar los números digitalizados de las revistas BILAN y Communisme en la web del Colectivo Smolny: http://www.collectif-smolny.org. En Communisme los artículos de Mélis aparecían al principio sin firma, cuando eran expresión del pensamiento del conjunto de militantes de la Fracción belga.

[11] El fascismo. Il Comunista, 17 de noviembre de 1921.

[12] El problema de la guerra, Jehan. Nº 2 de los cuadernos de estudio de la Liga de los Comunistas Internacionalistas de Bélgica (enero de 1936).