¡SALUD, PROLETARIOS!

Recopilación de textos por la revolución comunista internacional.

La Fracción belga de la Izquierda Comunista Internacional.

LA FRACIÓN BELGA

                La Conferencia Nacional de la Liga de los Comunistas Internacionalistas de Bélgica decidió el 21 de febrero de 1937 que los miembros que se solidarizaban con la resolución publicada por Jehan en el Boletín no podían seguir perteneciendo a la organización. Se trataba en realidad de un enfrentamiento entre los que abogaban por participar en la guerra imperialista de España y los internacionalistas que reivindicaban posiciones clasistas. Una minoría, que representaba todo del grupo de camaradas de Bruselas excepto tres (entre ellos Hennaut), abandonaba por tanto la Liga. El 15 de abril aparecía su primer boletín mensual con los documentos de base relativos a la construcción de la Fracción belga de la Izquierda Comunista Internacional. No se trataba, como pretendía Hennaut, de una rama de la Fracción italiana, sino del desenlace de todo un proceso de desarrollo en el curso del cual el proletariado belga lograba por primera vez sentar las bases para la construcción de un verdadero partido de clase. 

                Sabemos que el partido belga lo crearon las Juventudes Socialistas que, al llamamiento de la Revolución Rusa, abandonaron el P.O.B. Su formación no vino precedida de conmociones sociales en Bélgica, pues la burguesía, merced al compromiso de Lophem, había logrado encauzar con “reformas sociales” la huelga proletaria que refluía hacia las organizaciones del P.O.B. Rápidamente, el joven núcleo comunista se extinguió, al fusionarse por orden de la Internacional con el grupo socialista de Jaquemotte. No obstante, en 1928, la mayoría del partido se pasaba a la Oposición tras la escisión de Anvers, que se llevó a todos los militantes de vanguardia del movimiento obrero belga. La Oposición navegó en plena noche en el mar de problemas que se le planteaba en aquella época a la izquierda marxista. La ausencia de grandes movimientos sociales, la impresión general de estancamiento, hicieron que el desánimo cundiera rápidamente. ¿Había que actuar como partido o como fracción del partido? Estos problemas campaban a sus anchas en el seno de la Oposición sin que nadie pudiera darles solución, cuando era evidente que sólo el trabajo de fracción del partido (incluso si eso implicaba la expulsión) permitía abordar los problemas relativos a la degeneración centrista y elaborar las posiciones que permitirían, cuando el centrismo traicionara, avanzar hacia la formación de nuevos partidos. Trotsky, desde el exilio, planteó imperativamente los términos del problema (“enderezamiento de los partidos” en lugar de construir fracciones de izquierda) y sin aguardar a una discusión internacional, sin entender las inevitables dificultades de la Oposición belga, provocó una escisión a raíz de la cuestión de China oriental (el ferrocarril que finalmente Stalin ha vendido a China), una escisión que dispersó definitivamente a la Oposición belga. Esta se escindió en dos grupos, uno (la Federación de Charleroi) creó el grupo trotskista oficial y acabó en el P.O.B. para luego salir de él con los elementos de izquierda y formar el Partido Socialista Revolucionario; y del otro nació la Liga de los Comunistas Internacionalistas de Bélgica, que vegetó hasta 1932. Cuando el grupo trotskista degeneró y expulsó a los elementos internacionalistas, rompiendo también con la izquierda italiana, la Liga aparecía como el único núcleo superviviente que defendía posiciones de clase. Oponiéndose a la reaccionaria noción de “enderezamiento” y a la confusa idea de los “nuevos partidos”, afirmaban que no existían las condiciones históricas ni la preparación ideológica que permite formarlos. Por otra parte, en lo referente a los problemas de la democracia y el fascismo, La Liga, en su Declaración de principios, les daba una respuesta satisfactoria (aunque actualmente la haya revisado para pasar a apoyar a los republicanos españoles) y no se contentaba con “los 4 Primeros Congresos de la Internacional”.

                Su colaboración con la Fracción Italiana, que supuso la ampliación de su base de trabajo, así como la llegada de elementos que permanecían a la expectativa o provenían de grupos trotskistas, provocaron un ambiente de discusión en el que poder afrontar los problemas esenciales del movimiento comunista, tanto en el terreno internacional como en el específicamente belga. A lo largo de estas discusiones, que se centraron en la evolución de la situación de Rusia y la nueva situación internacional y belga, aparecieron divergencias que poco a poco cristalizaron en el enfrentamiento de dos corrientes que no obstante aún creían que podían desarrollar un trabajo en común. En relación a Rusia, el problema de la guerra (la guerra en Abisinia), la democracia (plebiscito del Sarre), las elecciones, la izquierda socialista, y, en fin, en relación al problema del partido y su proceso de formación en Bélgica, las divergencias quedaron reflejadas en el Boletín de la Liga y en los Cuadernos (y también, en parte, en Bilan).

                El punto final de esta evolución llegó con los acontecimientos de España, que plantearon a estas dos corrientes la necesidad de dar una expresión política a estas divergencias, abriendo paso a un enfrentamiento entre principios opuestos. El problema del Estado y del partido hizo surgir dos posiciones enfrentadas, una de las cuales llevaba directamente a la guerra imperialista, y la otra a la lucha por la revolución proletaria. Se imponía la necesidad de una escisión, como efectivamente ocurrió.

                Desde luego, la Fracción italiana intervino activamente en el proceso de formación de la corriente que formó la Fracción belga, pero sólo como acelerador de una tendencia que trataba de afirmarse, como una ayuda internacionalista del proletariado italiano al proletariado belga que era llevado a rastras a la guerra imperialista.

                Si desde el punto de vista formal la línea histórica que une a la Fracción belga con el primer núcleo comunista que formó el partido es inexistente, en realidad, desde el punto de vista de la evolución histórica del proletariado belga, sí que existe, pues la fracción actual nos es más que el resultado del esfuerzo que el proletariado ha realizado en todos los países desde 1917, encaminado a crear las bases del partido de clase.

                El nº 1 de Communisme, el órgano mensual de la Fracción belga, contiene la Declaración de principios que constituye su documento base y el punto de partida para la elaboración de su plataforma. Esta declaración se inspira en los mismos principios que la Fracción italiana. En sus boletines ya se han publicado una serie de resoluciones acerca de los principales problemas de la situación actual y continúa la discusión que se desarrolla en su seno sobre todo un conjunto de problemas que analizaremos en nuestro próximo número.


 

Extracto del artículo "La vida de las fracciones de la izquierda comunista internacional".


 


 

DOCUMENTOS PARA EL ESTUDIO DE LA FRACCIÓN BELGA: 


 

1934:

- El Plan De Man.

- Crisis y ciclos en la economía del capitalismo agonizante.


 

1935:

- El problema de la guerra.

- Los problemas de la moneda.


 

1936:

- Los problemas del periodo de transición.


 

1937:

- La guerra en España.

Los sindicatos obreros y el Estado capitalista.

- Resolución sobre las tareas sindicales de la Fracción.


 

1938:

- Prosperidad de guerra y estándar de vida.

- Otra victoria del capitalismo: el seguro obligatorio de desempleo.


 

1939:

- La economía de guerra.